27 septiembre 2011

No lamento diferir: más sobre blogs literarios


Roland Barthes


Días pasados escribí una pequeña entrada en mi blog en la que sostenía mi opinión acerca de la blogosfera literaria costarricense (que se puede leer desplazándose hacia abajo en esta ventana o haciendo clic aquí). Lo primero que me viene a la cabeza a raíz del pequeño desbarajuste causado es que hay algunas personas que tienen muchas cosas que decir en torno a la literatura nacional y a la crítica. Lo segundo, que los que escribimos en la Web nacional habitamos un hervidero de pasiones justas y justificadas en su mayoría y no tanto otras. Esto solo puede ser un síntoma de que la producción literaria nacional y su correspondiente debate goza de buena salud. Ahora bien, decir que algo goza de buena salud no es necesariamente un cumplido, es decir, mucha gente goza de buena salud y crece, se multiplica y muere sin pena ni gloria. De lo que se puede inferir que hay que hacer algo en salud y no solo gozar de ella.

Para entrar en calor

En primer  lugar, y como detonante de las demás reacciones, hubo una réplica del escritor y profesor Alexander Obando en la cual se hace una serie de reparos justos sobre las ideas que expuse, muchas de las cuales son justificadísimas y me han hecho entender mejor dos o tres cosas sobre los blogs literarios costarricenses; sin embargo, además de desmenuzar mi entrada con justicia, se comete un error esencial (ya por simplificación de términos, ya por desviación del tema en debate; juzgue Ud.). El error en cuestión tenía la forma justa y puntual de una cáscara de banano, y como era de esperar, un buen número de lectores se resbalaron dando en suelo con toda su humanidad.

Aclaro que esta nueva entrada no es para rebatir cada uno de los comentarios que hicieron las personas al post original de Alexander, sino para comentar algunas de las ideas de Alexander. (Si contestara a cada comentario, la extensión de esta entrada sería insufrible.)




[El Ornitorrinco afirma] que quienes hacemos ‘crítica literaria’ damos nuestras conclusiones sin exponer la forma en que llegamos a dichas conclusiones. Algo así como poner la respuesta correcta (o incorrecta) en el examen de mate sin desarrollar el problema; esa maña de algunos sabiondillos que tanto enferma a los profesores de matemática.

Creo que Alexander tiene un punto aquí. En primer lugar, desarrollar el problema literario y exponer las fases previas a una conclusión puede correr el riesgo de servir solamente para ilustrar una teoría, reduciendo el objeto en estudio a un pretexto, o peor aún, para hacer gala de que "yo sí sé". Esas anotaciones preliminares o intermedias pueden no ser de interés para el lector casual, ese lector que solo desea llegar al párrafo del artículo donde dice que el libro es bueno o malo.

Para sacarle el jugo a la analogía escolar de Alexánder, quiero agregar que me queda la duda de si algunos críticos casuales de literatura no desarrollan sus ideas al hablar de una obra por el simple hecho de que están bateando o, lo francamente imposible, porque le están copiando al compañerito de a la par.

Varios tipos de crítica

En mi opinión, hay tres tipos de crítica literaria: la crítica académica, que intenta ver en el estudio literario una ciencia y ha desarrollado herramientas teóricas para tratar de estudiar la literatura.

De entrada, esta aproximación a la literatura parece estar falseada por el hecho de considerar la literatura un objeto de estudio científico, olvidando que la literatura es una práctica ideológica. Meto en este saco, en desorden alfabético, a la sociocrítica, el estructuralismo, el dialogismo, y como diez enfoques más. Estos tienen a su favor el contar con un aparato teórico más o menos coherente que permite analizar obras literarias distintas. No soy sociocrítico y no me interesa convertirme en un sociocrítico, pero pongo por ejemplo toda una historia de la literatura costarricense, que está concebida desde esa acera: 100 años de literatura costarricense, de Margarita Rojas y Flora Ovares; o bien, el dialogismo de Bajtín, que aportó una lectura nueva y muy rica de la obra de Dostoyevski como un texto polifónico.




Si los escritores no estamos calificados para hablar de literatura entonces deberíamos también censurar a esos excelsos autores que, "sin autorización oficial", se han dedicado a la crítica literaria. La primera patada, entonces, iría para Jorge Luis Borges y la última, bajando hasta el fondo de la cadena alimenticia, sería para nosotros los escritores de Costa Rica.

El segundo tipo de crítica literaria es aquella que no existe como una luz (o una sombra) especial para observar la literatura de un modo particular, como la crítica académica, sino la que corre de manera simultánea junto a la creación literaria. Es una crítica artística y lúdica y no pretende ser orgánica, totalizante ni seria (aunque a veces lo puede ser). Este tipo de crítica es una celebración de lo literario consumada al convertirse ella misma en literatura. Son textos que a menudo están firmados por autores literarios (para mí es inevitable citar las Otras inquisiciones, de Borges), o por críticos/teóricos profesionales (aquí citar a Barthes y sus Fragmentos de un discurso amoroso, efectivamente, es una perogrullada). Por lo general, la teoría/crítica creada por escritores, y ya no en ensayos o artículos sino en su propia narrativa, suele adelantarse en años o décadas a la crítica académica (Ver el papel profético que el ¿cuento? Pierre Menard, de Borges, tuvo en la estética de la recepción, de Haus et al.)


¿Es lo mismo hacer crítica literaria que hablar de literatura?

El tercer tipo de crítica literaria es la periodística, llamada así porque es la que comúnmente aparece en los periódicos. Esta crítica surge por el derecho que todos tenemos de decir: "Esa novela me gustó", "ese cuento está genial", "ese poema me llegó", "este artículo está volando", etc. Es una crítica que no suele apoyarse ni en herramientas teóricas ni sueña con ser literaria (crítica tipo 2) sino que honestamente elogia un libro por su riqueza verbal o su trama emocionante, o un largo etcétera de impresiones personalísimas.

Dentro de todos los tipos de crítica, hay buenas y malas leches, pero en esta en particular, por estar tan cercana y ser de tan fácil acceso al lector, es más común encontrar leche de la mala: gente que trata de despistar su ignorancia de la creación literaria, con alguna palabra técnica que haga pensar al lector que él o ella realmente sabe de lo que está hablando; o bien, filólogos, sociólogos, historiadores, psicólogos, filósofos, antropólogos, cardiólogos, etc. que hablan de literatura desde una postura que puede ser válida, pero que no siempre pasa por la estética. Además, una crítica personalísima es una contradicción total de lo que debe ser la crítica en primera y última instancia: dar cuenta de un producto textual para orientar al consumidor de libros.




Aclaremos que no estamos afirmando que los blogs son necesariamente subjetivos por naturaleza, pero sí lo pueden ser por definición. Un blog puede ser una aproximación sentimental a la literatura o pueden ser a clockwork device; una especie de tarima técnica para exponer toda su objetividad epistemológica. Y todo lo que resulte queda a juicio del bloguero. Muy distinto sería si el comentario bloguero fuese destinado a una revista académica especializada. Es decir, son bitácoras y no "papers" para la universidad.

En efecto. Yo, por mi parte, en tanto se venda como crítica y no como pensamientos de diario, seguiré manteniendo que la mayoría de la crítica literaria que se hace en los blogs costarricense se puede acomodar en el tercer tipo de crítica. He descubierto el agua tibia y no puedo patentarla: posiblemente, la crítica informal sea consustancial al medio del blog, es decir, nadie crea una entrada de blog para sentar cátedra literaria ni teórico-literaria. ¿O sí?

Quiénes pueden hablar de literatura

Alguien podría decir que cualquiera con la vocación o la voluntad necesaria de hacerlo, puede hablar de literatura. Sin embargo, eso no es cierto. Así como no basta con la voluntad para que Costa Rica se convierta en un país rico, tampoco ella es suficiente para hablar de literatura. En realidad, los que hablan/escriben de literatura son aquellas personas que tienen acceso a páginas de opinión en los diarios o a programas de la tele, aquellos que trabajan en revistas culturales y tienen la ventaja de ser la primera o segunda opción para deslizar una página de crítica ocasional, los que trabajamos en editoriales… en fin, aquellos que, aunque suene feo leerlo, pertenecemos a un grupo privilegiado.

La existencia de la Web y de la Internet en general nos hace ampliar esa posible lista ya no solo a los que publican sus artículos en papel o hablan por la televisión, sino también a los que tienen una página en internet (como un blog); sin embargo, los que tienen acceso a un espacio en la red no dejan de ser privilegiados (necesitan conocer el funcionamiento de una computadora, la operación de un blog o del lenguaje HTML, además de una conexión a Internet, energía eléctrica, etc.). El privilegio de los que poseen cyber-existencia es latente e innegable. Así las cosas, ya por la simple posibilidad de acceso a los medios de comunicación, se puede decir que no cualquiera puede opinar de literatura.

Si los condicionamientos materiales y técnicos para acceder a un micrófono de crítica literaria son tan latentes, qué no se dirá de los condicionamientos literarios, estéticos y culturales para entrarle, al menos superficialmente, al problema literario.

Me atrevo a decir que los que pueden hablar de literatura son las personas que, ya sea por aprendizaje autodidacta o por haber pasado por ese embudo con clavos y espinas que es una universidad, saben de literatura y que, además, tienen acceso a un medio de comunicación. Desgraciadamente, el consejo editorial que suele haber en los medios impresos está ausente en los blogs; en otras palabras, si el papel aguanta la que le pongan, el cyber papel no solo la aguanta, sino que la exige.

La cáscara de banano




Y en esta misma línea de la gente podemos hablar de filólogos y otros teóricos. 

Aquí empieza la mega cáscara de banano de la que hablaba antes y que no reproduciré en su totalidad. Con base en las palabras de Alexander que siguen, se suscitó toda una serie de comentarios relativos a la Filología y hasta observé como algunos colegas se distanciaron como filólogos de las palabras de este otro filólogo. Con toda razón. Sépase que no voy a comentar más sobre el tema de la Filología porque creo que es otra discusión (ni siquiera hablaré sobre el tratado de límites unilateral esbozado en uno de los comentarios por el filólogo Guillermo sobre qué es la Filología, porque ya francamente sería imposible estar más "off topic").




Es natural que un bloguero de formación teórica como Ornitorrinco…

Ad hominen! Et tu, Brute!

En fin, para los que no conocen a Alexander Obando, bueno, pues confieso que nos hemos conocido alguna vez por intermediación precisamente de un filólogo que tenemos como amigo común. Me pareció una persona interesante y muy inteligente. Ojalá pueda conservar su amistad pese a lo dicho aquí.

Críticos y no fans

Ya casi se me acaba la hora en el café Internet, por lo que voy a apresurar un remedo de conclución...

Lo último que quisiera es convertir mi blog en un tanque séptico de análisis literarios a la luz de tal o cual teoría literaria. Esto es lo que deseo: una crítica que fundamente sus ideas con razones más allá del gusto, por ejemplo, que explique la oscuridad de un pasaje en determinada novela evidenciando un problema técnico; que muestre lo innecesario de una serie de segmentos expositivos metidos dentro de un texto narrativo.

Asimismo, una crítica que recuerde que de lo que se trata es de dar cuenta de la obra literaria (digamos: de analizarla) y no de ilustrar teorías por medio de textos literarios. Creo que no estoy pidiendo caprichos y así como exigimos textos literarios hermosos y bien compuestos, tenemos derecho a exigir a la crítica. La crítica literaria no debe ser una práctica ancilar y marginada a blogs más o menos oscuros, sino algo central en el quehacer literario; y ciertamente, tampoco debe una simple lista de lo que me gustó y lo que no me gustó, porque para eso está Facebook y un botón que dice “Me gusta”.



Sergio Arroyo (c.c.: El Ornitorrinco)

9 comentarios:

El Ornitorrinco dijo...

Pido disculpas por lo largo de esta entrada, pero supongo que no podía parar. También por la falta de imágenes; había empezado a hacer una serie de imágenes con el Hombre Invisible como personaje (revisen los posts del 2007 para ver cómo es esa criaturita), pero duré tanto, que mejor lo dejé. Saludos y gracia por leer.

Wílliam Venegas dijo...

[Amigo: la extensión es válida si se justifica la riqueza textual, y sí se justifica en este caso. Las imágenes no hacen falta].

Escribo al clic del teclado:

Creo que el planteamiento de nuestro amigo Ornitorrinco no es difícil de aceptar: tiene esa síntesis que le permite a uno aceptar el "discurso" del texto: la validez de la crítica literaria y sus distintos rostros.
La diferenciaciones académicas [en el punto de vista del análisis] tienden a no pegar conmigo (que sociocrítica, que estructuralismo, que las vainas o que los frijoles).
Creo profundamente en la dialéctica como instrumento de contemplación y de relectura de un texto ante los demás o para los demás. A lo que haya que echar mano para demostrar una tesis, se echa mano. Siempre estaré agradecido con la historia por haber nacido yo después de Gramsci y así leerlo, absorberlo y aplicarlo (muchos otros lo hacen mejor que yo). El rechazo al marxismo ha hecho, de muchos, un rechazo al gramcianismo. Lo cierto es que toda crítica debe tener como resultado una especie de sinergia: acumular de donde sea para dar una calidad superior de análisis: demostrar algo y no especular sobre algo.
Estimado amigo, no debemos subestimar los textos cortos como textos críticos (los de periódicos o blogs). Hace poco me leí un texto breve de Umberto Eco ("Crítica de la imagen", unas 35 páginas apenas) que me parece extraordinario.
En fin, es bueno sentir las preocupaciones y aportes de Ornitorrinco. Me alegro de haber venido a este blog.

*También lo invito a participar de algo en mi blog, sé que le va a gustar. Pase por La huella del ojo... y verá. Nos vemos.

Asterión dijo...

Siempre he dicho que nada de disculpas. Precisamente por su naturaleza, cada quien puede poner entradas de la extensión que desee en su blog.

Ahora, el hecho de hacer una segunda entrada sobre un tema, y el hecho de sentir que puede ser "algo larga", y las posibles respuestas y reacciones y etcétera, también arrojan luz sobre la naturaleza de los blogs (al menos de los blogs literarios o de crítica literaria) como espacios abiertos, maleables, siempre en proceso, siempre en construcción; como puentes, como puntos de interacción y de diálogo.

Pues bien, en términos generales, concuerdo con tus puntos, con algunos matices.

La crítica que se hace en los blogs la colocaría como un híbrido entre el segundo tipo de crítica y el tercer tipo que vos atinadamente describís. No la limitaría, al menos en todos los casos, al tercer tipo.

¿Quiénes pueden hablar de literatura? De acuerdo completamente con el esbozo inicial que hacés. Siempre he defendido que quienes pueden hablar de literatura son, digámoslo tautológicamente (aunque no tanto), quienes saben de literatura. Claro que decir esto en nuestro medio es motivo de alarma y linchamiento porque suena a que uno quiere apropiarse de la "verdad". Pero bueno, nunca he visto a literatos hablando de mecánica o neurocirugía porque para hablar de mecánica o de neurocirugía se necesita algo básico: saber de mecánica o de neurocirugía. Y si un mecánico o un neurocirujano dicen eso creo que nadie les reclamaría. ¿A qué se debe esta diferencia?

Por último, estás en todo tu derecho de exigir crítica de calidad, lo cual siempre he defendido, pero aquí deberíamos seguir hilando fino, porque los medios son diversos, igual que las posibilidades.

Algo personal: critico tanto a los filólogos como a los escritores (a pesar, o a mi pesar, de ser ambos) cuando son de miras cortas. Por eso, asumo que ni los filólogos ni los escritores talentosos se sentirán ofendidos, porque saben que no me refiero a la filología per se ni a la escritura per se (si existe algo per se), sino a sus vicios. (El hecho ser ambos no implica que yo sea talentoso o carezca de vicios).

En fin, espero que sigás desarrollando estas ideas. Es importante el debate en los blogs.

Saludos

Alexánder Obando dijo...

Leído y anotado. Creo que exponés tus ideas anteriores con más sosiego y detalle. Muy claro, si bien no todo es compartido.

Dame unos días para prepara contestar algunos puntos.

Saludos.

Germán Hernández dijo...

Creo que los blogs, con sus limitaciones, poseen una fortaleza y es su interactividad. Discusiones como esta serían impensables en los medios tradicionales, por su uniliteralidad.

Y claro, la red es como la vida, hay de todo, y no puede ni debería ser filtrada. En ese sentido, cada quien tiene la soberanía de concurrir o no a cada parcela que se le ofrece.

Pero ciertamente creo que los blogs a los que se hace referencia directa o indirecta, han permitido un intercambio y un refrescamiento en cuanto ideas y debates y creo que eso no está mal.

Tendrá sus mil limitaciones, su expontaneidad, su limitada rigurosidad, etc. Pero también tiene sus fortalezas.

Creo que discusiones como estas son sanas y necesarias.

El Ornitorrinco dijo...

Muchas gracias por darse la vuelta. Hubo una época en que este blog era muy visitado y comentado, pero la falta de constancia y la ansiedad me hicieron abandonarlo y se convirtió en un blog fantasma. Creo que es hora de inyectarle un poco de ganas para hacerlo un lugar de debate, discusión y también de ocio, si es que todo eso es compatible.

William, gracias por la invitación, ahora participo en tu blog.

Gustavo, gracias por tus consejos en FB y por comentar aquí. Claro, el debate y la discusión, aunque no siempre lleven a un lugar claro, son sanos ya por el solo hecho de ejercitar la sintaxis, que para mí es el alma del lenguaje y de la literatura.

Alexander, que bueno que te tenemos de nuevo en FB. ;)

German, claro. Los blogs son el hábitat electrónico natural de los que le dedicamos la vida al lenguaje. Validísimo que hasta yo tengo un blog. Pero el ejercicio de los blogs y su crítica no están reñidos. Gracias por darte la vuelta.

Jeca dijo...

Amigo Ornitorrinco
Pues para mi es nuevo que las lluvias saquen a estos animalitos a la costa.. jajja


Le había dado seguimiento a lo que expones de la cuestión literaria. Solo puedo decir que ojalá hubieran tantos blogs como personas que se dedican a la literatura en Costa Rica.


P.D. Me mandó decir william que no puede entrar a su blog. Hay una restricción ¿Es solo para el? ¡Mmmmm!

El Ornitorrinco dijo...

Es raro, Jeca, no hay ninguna restricción de ningún tipo para nadie!!!!

Wílliam Venegas dijo...

Pude entrar al fin, Yeca me dijo qué hacer. Si le doy clic a su avatar (daguerrotipo), logro entrar, pero si doy clic en su nombre no me da permiso (es lo que hacía). Ahora lo hice bien. Yeca es compañera de trabajo en La Nación y amiga. Saludos, amigo, he estado de tiempos completos con el proyecto de los programas de
www.mi butacavip.com
pero ahorita me ordeno mejor.
Tenemos dos cineclubes: uno de adultos (Mi Butaca Cineclub), otro para niños (Butaquita), y los dos trabajando fuerte;
tenemos tres programas de cine por Internet (estilo televisión):
Desde mi butaca (estoy implicado directamente),
Hablemos de cine (con Rónald Díaz como responsable) y
Cinecultura (responsable: David Monge).
Ahora vamos por otro, uno de teatro; apenas comenzamos a especular sobre él, ahí le cuento. Como ve, no es poco trabajo.
Bueno, amigo, gracias por sus visitas a mi blog.