20 julio 2011

Cuentos Paganos, de Luis Antonio Bedoya



Sé que este libro ya es viejo (de hace un año), en estos tiempos en que lo que pasó ayer ya pertenece a la prehistoria, pero siempre es bueno que alguien publique un libro así para reflexionar sobre varias cosas:

Algunas editoriales publican lo que manden

Como si se tratara de cumplir con una cuota anual, algunas editoriales meten en prensa libros que, en tiempos mejores y con (otros) criterios, no habrían salido a la luz pública.

Es mejor un ejemplo tangible que un decálogo teórico de lo que no se debe hacer al escribir cuentos

Qué sentido tendría un sermón de las cosas que no se deben hacer al escribir un cuento, si tenemos todo un inventario (y oloroso a pulpa) de tales vicios. Basta con que un escritor en ciernes lea un buen libro de cuentos, por ejemplo, los Cuentos del desierto, de Paul Bowles y luego el libro cuyo título engalana este post, para darse cuenta de lo mucho que lastima a un relato la adjetivación excesiva, los detalles circunstanciales huérfanos, y sobre todo la adolescencia barroca, que a veces cree reproducir un lenguaje altisonante y severo, y se queda en el ridículo.

La mayor virtud de este libro es que su lenguaje es consciente de sí mismo

Eso es bueno, la narrativa de este libro se basa en el lenguaje como punto de partida. Así las cosas, la literatura no es un instrumento de la Historia (novela histórica), de la Ciencia (ciencia ficción), de la Sociedad (novela social), etc. sino que es un objeto en sí misma. Desgraciadamente, los excesos en que incurre no la hacen ser el mejor ejemplo de la literatura centrada en el lenguaje. De hecho, es un muy mala ejemplo y puede ayudar a incentivar a los poetas del vómito (de esos que escriben sobre choques de carros, borracheras y sobos) a seguir con sus cantos heméticos.

No todo está perdido: la gran literatura es la que escribe sobre sí misma y donde el objeto no es un tema, sino el lenguaje mismo. Con más trabajo y también con críticas más duras, el autor sin duda va a llevar su voz a un lugar digno.

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Un saludo al improbable lector de este blog, que ya va a cumplir seis años, y sigue tan malquerido como siempre.

7 comentarios:

Alexánder Obando dijo...

Gracias por el comentario. Me parece lúcido y algo sobre lo cual los lectores del libro deben meditar. Sin embargo, debo confesar que no soy uno de ellos porque no he leído el cuentario. Cuando lo haga volveré sobre estas páginas virtuales.

Asterión dijo...

Creo que es acertado decir que es virtud del libro estar consicente del lenguaje. Además, consciente de su barroquismo, debo decir. Ambos elementos surgen como respuestas, precisamente, a esos otros textos donde solo hay "choques y vómitos".

Asimismo, toda la parafernalia que se mueve en estos relatos es de alguna forma una búsqueda de revitalizar los ritos de los antiguos.

Saludos

P.D.: el blog no es malquerido, o en todo caso, es malquerido solo por su autor, que lo abandona por largos periodos. Ojalá fuesen más frecuentes sus entradas sobre libros.

El Ornitorrinco dijo...

Claro, malquerido por mí desde siempre. Muchas gracias por comentar, así me dan ganas hasta de mantener el blog vivo.

Alexánder Obando dijo...

"P.D.: el blog no es malquerido, o en todo caso, es malquerido solo por su autor, que lo abandona por largos periodos. Ojalá fuesen más frecuentes sus entradas sobre libros".

¡Ídem!

El Ornitorrinco dijo...

Favor que Uds. me hacen.

Me estoy leyendo el libro de Cuentos de Daniel Quirós. Pronto escribiré mis honestos comentarios. :)

El Ornitorrinco dijo...

Por cierto, Gustavo, se me olvidaba. Creo que al citarme entrecomillado se hacía una injusticia, pues me haces autor de unas frases que parafraseé de vos:

http://redcultura.com/blogs/index.php/la_palabra_insostenible_notas_a_proposit?blog=18

Y la verdad, no soy tan creativo. :)

Asterión dijo...

Jaja, lo que pasa es que tu paráfrasis es sumamente vaga, y uno muchas veces no se reconoce en lo que haya dicho, aunque aún lo "sostenga".

Saludos y gracias por recordar el texto