
Cuánto le costó a tu mamá enseñarte a amarrar los cordones. Hasta ella perdía la paciencia con vos y te regañaba porque no lo hacías bien. Pero un día lo lograste y desde entonces fuiste el Rey de los Cordones de la familia. Sin embargo, ese título solo vos lo conocías, era demasiado ridículo como para que se lo confesaras a alguien.
Verte atar los cordones era toda una contienda: los pulgares y los índices jugaban con maestría haciendo pasar los cordones por los ojales para luego armar esos delicados lazos que fueron tu orgullo. A veces incluso les ponías betún a los zapatos, pero eso ya era demasiado: en la vivienda del polvo, el betún duraba solo un aspaviento y se acababa. Sin embargo, el betún olía bien, como a un pozo de petróleo que tenía atrapado a un dientes de sable luchando por salir.
Un día, percibiste el olor del betún en forma de humo y fuiste a él; tiempo después, en forma de piedras como bolinchas traídas de la luna y te atrajo más. Luego dejaste de saber de tu mamá y ahora ya no sabes lo que ha sido de ella. Talvez algún día, alguien te reconozca en la calle y te diga: "Yo a usted lo conozco, oiga, su mamá se murió el año pasado". "Yo tengo mamá, igual que los niños que van a la escuela". "Nosotos somos de Desamparados, ¿no nos recuerda?". Luego querrán comprarte unos zapatos de tres mil colones, pero vos te irás caminando en otra dirección, como si ya no te hablaran a vos.
Zapatos solo se tienen una vez.
3 comentarios:
La relatividad de lo aprendido, la nostalgia de lo que ya pasó, el vanagloriarse de lo que a la larga termina siendo un vano talento... El texto me inspira un montón de cosas. Me pareció excelente. Que tengas buena vida, gracias por acercarte a mi espacio. Saludos!
Me gustó mucho. Un saludo
...qué bueno leerte después de tanto tiempo. Un gusto enorme.
Este texto está excelente.
saludos para vos!
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